¿Quién descubrió en realidad el nuevo mundo?
En 2004 se cumple el 512 aniversario del "descubrimiento de América" por Cristóbal Colón.
¿Quién sino un hereje recalcitrante osaría mancillar la imagen de Colón? Lo
cierto es que, desde hace decenios, los eruditos y otros infieles han intentado
derribarlo de su pedestal urdiendo diversas teorías, según las cuales no
fue él el primero en descubrir —o como algunos prefieren decirlo, "encontrar"—
el Nuevo Mundo. "Esta cuestión nunca va a resolverse", dice el arqueólogo Deán Snow.
"Hay cosas que resulta imposible Saber, y
yo lo acepto". En el repertorio de esta gente hay lo mismo teorias más o
menos convincentes que hipótesis del todo descabelladas. He aquí cinco de las
más inquietantes:
Sayonara, Colón. En 1956, un arqueólogo aficionado encontró
algunos fragmentos de cerámica de 5000 años de antigüedad en la costa del
Ecuador. Cuando la arqueóloga estadunidense Betty Meggers los estudió, le
asombró el hecho de que las piezas ecuatorianas se parecieran mucho a las
vasijas hechas en la isla japonesa de Kyushu durante el mismo periodo. "Eran
tan similares, que parecían pedazos de la misma vasija", recuerda. La
arqueóloga Meggers especula que una embarcación de pescadores japoneses quedó
atrapada en una tormenta y fue arrastrada por la Corriente de Japón. La
embarcación derivó hacia el noreste hasta llegar frente a las islas Aleutianas,
y luego bajó por las costas de Norteamérica y entró en las corrientes que fluyen
junto a América del Sur. ¿Por qué fueron a dar a Ecuador? "La costa sobresale en
ese punto", responde la investigadora. Sin embargo, los escépticos hacen notar
que no existen otras pruebas que confirmen la presencia de japoneses en
Ecuador. También alegan que, a juzgar por algunos hallazgos recientes, la
alfarería del Nuevo Mundo es anterior a la supuesta llegada de la delegación
de Kyushu.
Un "kibbutz" en Tennessee. Cuando en 1889 se desenterraron nueve es
queletos de un montículo funerario en Bar Creek, Tennessee, los científicos
pensaron que se trataba de indios norteamericanos y supusieron que la piedra
grabada que se encontró debajo de uno de los cráneos contenía un mensaje
cheroquí. Pero en 1970, el historiador Cyrus Gordon, especialista en lenguas
primitivas del Oriente Medio, dijo que los investigadores habían estudiado la
piedra al revés. La inscripción, concluyó Gordon, reza: "para los judíos" o
"para Judea", y es similar a la que aparece en las monedas hebreas acuñadas
alrededor del año 130 d. de C. Pese a las dudas expresadas en los círculos
arqueológicos oficiales acerca de la autenticidad de la piedra, Gordon se
muestra imperturbable. Sostiene la hipótesis de que los nueve esqueletos de
Tennessee podrían haber pertenecido a descendientes de refugiados judíos que
huyeron de la persecución romana entre los años 152 y 135 de nuestra era.
"Pónganse en su lugar", dice el historiador. "Imagínense que forman parte de una
minoría oprimida, y que pertenecen a un pueblo de navegantes y marinos. Nada
tiene de extraño que decidan irse lo más lejos posible, incluso al otro lado del
Atlántico". ¿Y luego quizá llegar al Golfo de México y navegar mar arriba hasta
Bat Creek?
Enigma chino. Varias generaciones de estudiosos se han sentido
fascinadas por los asombrosos paralelismos que existen entre las antiguas
culturas de China y del México precolombino: las ceremonias destinadas a
propiciar la lluvia, la cerámica trípode, el uso del jade como ornamento
funerario y las técnicas para fabricar papel. Los detractores de Colón sostienen
que es muy probable que algunos chinos hayan visitado México, e incluso
afirman que uno de ellos fue un monje budista del siglo V llamado Hui-Shen.
Según esta versión, Hui-Shen y otros cuatro monjes cruzaron el "Gran Mar del
Este" y llegaron a unas tierras a las que pusieron el nombre de Fu-Sang. Allí,
según la crónica de Hui-Shen, este vio una maravillosa planta que tenía broces
comestibles, frutos rojizos y una corteza que se usaba en la fabricación de tela
y papel. Efectivamente, el maguey es una planta común en México; su tallo floral
se come y la corteza de sus hojas se emplea en la fabricación de tela y papel.
Sin embargo, la teoría de HuiShen tiene muchos peros. En primer lugar, el
maguey no da frutos rojizos. En segundo, el viajero habla de ganado y de
carretas provistas de ruedas, lo cual era desconocido en el México antiguo. Y,
por último, no se cuenta con ningún artefacto que pudiera relacionarse con
Hui-Shen.
Cuentos galeses. De acuerdo con un libro inglés del siglo XVI, el
príncipe Madoc de Gales era un amante de la paz que, en el siglo XII, se
marchó de su tierra en barco porque sus hermanos entraron en disputas al morir
su padre, el rey de Gales del Norte. El príncipe, dice el relato, viajó a
"alguna parce de la Nueva España o la Florida", regresó a Gales a reunir diez
buques de colonos y volvió a desaparecer en el mar del oeste. Esta historia
persistió hasta el siglo XIX debido a los insistentes rumores de que en
Norteamérica había indios de piel clara y ojos azules que hablaban gales. La
teoría más popular afirmaba que los colonos de Madoc se habían mezclado con
los indígenas y después emigrado a las Dakoras, donde se les conoció como
indios mandan. No obstante, observa el historiador y mitólogo británico
Geoffrey Ashe, los "indios galeses" de los que hablaban los viajeros en sus
relatos solían encontrarse siempre "un poco más arriba de donde habían llegado
los viajeros". Otros incrédulos opinan que el momento histórico de la
revelación de Madoc está sospechosamente relacionado con la necesidad que en
ese entonces tenía la Gran Bretaña de reclamar su derecho a las tierras de
Norteamérica.
Leif, el pionero. Los trascendentes hallazgos arqueológicos que se
hicieron en Terranova en los sesentas dejaron en claro para todos, salvo para
los fanáticos de Colón, que los antiguos escandinavos llegaron al Hemisferio
Occidental unos 500 años antes que el genovés. El arqueólogo noruego Helge
Ingstad descubrió un asentamiento escandinavo y otros artefactos que confirman
los relatos de las sagas islandesas. Tradicionalmente se ha dicho que fue Leif
Ericsson quien descubrió el continente, aunque las sagas afirman que Bjarni
Herjolfsson divisó América en 986. La historia habría celebrado a Bjarni si
este hubiera desembarcado, pero al parecer se alejó de Canadá y regresó a la
colonia escandinava de Groenlandia. Unos 14 años después, el intrépido Leif
siguió sus pasos: recorrió la ruta de Groenlandia a Canadá y desembarcó en un
lugar que las sagas llaman Vinland, o "Tierra de Vides". Un experto en escritura
escandinava antigua, Einar Haugen, cree que Leif llegó a lo que hoy es Bostón,
Massachusetts.
Cristóbal Colón figura a la cabeza de una larga lista de
aspirantes al título de descubridor. Sobresale del resto, y su dignidad sigue
casi intacta. Hasta sus detractores lo respetan, aunque de mala gana: "Colón
fue único", declara el historiador Cyrus Gordon. "Al dar a conocer al mundo sus
viajes, unió a los hemisferios oriental y occidental. Fue, por así decirlo, el
primer descubridor que ofreció una rueda de prensa". De hecho, aun cuando otros
hayan llegado antes que él al Nuevo Mundo, fue la publicidad que se dio a sus expe
diciones lo que llevó a los europeos a colonizarlo. En suma, ¿qué nos dice todo
esto sobre el descubrimiento de América? Hay una cita, atribuida a Mark Twain,
que parece venir como anillo al dedo: "Las investigaciones de incontables
comentaristas ya han hecho muy oscuro el tema, y es probable que, de
continuar así, pronto no sepamos nada al respecto".
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