|  En una función de ópera, la mujer susurró a su acompañante:
- A pesar de su juventud, esa soprano tiene un repertorio muy amplio.
- Tienes razón -coincidió el hombre-. Y ese vestido que lleva puesto hace que se le vea mucho más grande. |
 El mendigo de la esquina tiene un sombrero en cada mano. El transeúnte se detiene, echa una moneda en uno de ellos, y pregunta:
- ¿Para qué es el otro sombrero?
El pordiosero explica:
- El negocio ha ido viento en popa últimamente, así que decidí abrir una sucursal. | |  A mi tía le disgusta hacer fila; la saca de quicio la gente que trata de adelantársele.
Un día, en el supermercado, un joven se le adelantó en el momento en que la cajera iba a atenderla.
- ¿Querría usted cederme su lugar? -pidió el joven-. Sólo voy a agar esta lata de comida para perro.
- ¡Caramba! -respondió ella-, si tiene usted tanta hambre, ¡adelante! |  Mi hija Laura tomaba clases de cocina. Un día ella y sus compañeras hicieron un pastel. A los 35 minutos de que lo habían metido en el horno, la maestra le pidió a mi hija:
- Laura, ¿Quieres hacer el favor de ver si ya está listo el pastel? Nada más métele un cuchillo, y si sale limpio quiere decir que ya está.
Laura regresó a los diez minutos. Cuando la maestra le preguntó por qué había tardado tanto, ella respondió:
- Es que metí el cuchillo, y salió tan limpio que luego metí todos los otros cuchillos sucios. |  Cuando llegué a la oficina, recordé que no le había dicho algo muy importante a mi esposa. Con las prisas, marqué mal el número y me contestó una voz masculina. A mi vez, expliqué:
- O equivoqué el número, o usted es un extraño que está en casa con mi esposa.
- ¿Es atractiva? -me preguntó.
- Sí mucho.
- ¿Qué número marcó? -inquirió nuevametne la voz. | | |