 Al ver que nadie del grupo lograba resolver un difícil problema de matemáticas, nuestro profesor se ofreció a resolverlo; pero, después de esforzarse durente media hora, también se dió por vencido.
-¡Todos estamos en el mismo barco! -exclamó.
En eso, un alumno gritó desde el fondo del aula:
-Si, señor, ¡pero no se olvide que usted es el capitán! | |
|  Después de ir a la iglesia, mis hermanos y yo casi siempre convencíamos a papá de que nos comprara refrescos y helados. Pero un domingo protestó:
-¿En dónde está escrito que a los muchachos debe dárseles golosinas después de que van a misa?
-En la Biblia -respondió una de mis hermanas-. Dice: Bienaventurados los que tienen hambre y sed... porque ellos serán saciados. | | | | |  -No olvides, Juanito, que en la despensa donde acabo de guardar el pastel hay un horrible fantasma
-advierte la madre al pequeño.
-¡Un horrible fantasma! -exclama el pequeño-. Entonces dime, mamá, ¿por qué cuando falta un pedazo de pastel me culpas a mi? |  Aquel hombre, que estaba acusado de haberse robado un abrigo, compareció al tribunal.
El juez lo amonestó así:
-Conque robó usted un abrigo, ¿eh?
¡ Y hace tres años lo castigué por el mismo delito!
-¡Caramba, señor juez! ¿Cuánto puede durar una abrigo usado? |